09 abril, 2007

Viaje a Londres (III)

14. Segundo día: Viernes

El segundo día volvimos a bajar a desayunar tempranito, aunque como es costumbre Elena y Diego llegaron un poco después. Mientras tanto los demás fuimos pidiendo, y esta vez no nos preguntaron como queríamos los huevos, así que cuando la chica vino a traernos el café José Luis le dijo en su perfecto inglés de Lepe que si podía ponernos los huevos revueltos en lugar de fritos. No se si es que ya tenían los huevos fritos cuando preguntamos y tuvieron que tirarlos o qué, pero me dió la sensación de que no le hizo mucha gracia porque se fue como refunfuñando y yo creo que se estaba cagando en nuestros muertos.
José Luis, para variar, se comió tres tostadas a costa de comerme yo solo una, el muy mamón. Y nada más que destacar... tras ponernos las botas con el desayuno nos tiramos a la calle dispuestos a gastar un poco más la suela de los zapatos.

15. Buckingham Palace


Fuimos dando un paseito hasta Buckingham Palace, que no quedaba lejos del hotel, con intención de ver el cambio de guardia, pero cuando llegamos resulta que no era hasta las 11:30 y faltaban aún un par de horas con lo que nos limitamos a ver el palacio por fuera, llegar a la conclusión de que no vale un duro como palacio, hacernos las fotos de rigor y largarnos a ver otras cosas.



16. Westminster, Big Ben, el Parlamento, el London Eye y las ardillas

De camino hasta la Abadía de Westminster pasamos por un parquecillo donde había un gañán dando de comer a unas ardillas. Nos hizo gracia porque los bichos le cogían las pipas de la mano con toda confianza y se iban corriendo a enterrarlas por ahí. José Luis le preguntó al tipo de las pipas si le podía dar unas cuantas para probar a dárselas él a las ardillas, pero el julai debía ser escocés porque no quiso soltar ni una pipa con la excusa de que era peligroso porque las ardillas mordían y que a él casi le arrancan un dedo y no se que pajas mentales más. Total, que ahí se quedó el agarrao con sus pipas y nosotros al menos con algunas fotos.

Llegamos hasta la puerta de la Abadía de Westminster y nos la encontramos chapada y con un cartel con los horarios de visita delante de la puerta. Resulta que abre todos los dias excepto los domingos, pero este viernes cerraba, supongo que por ser el primer día de Pascua (creo que allí lo llaman Good Friday), también tenemos puntería. Menos mal que dando la vuelta a la manzana, en la parte de atrás de la abadía, aparte de haber una fachada muy bonita cubierta de hiedra hay una pequeña puerta que da acceso al claustro, y eso sí que estaba abierto así que pudimos ver al menos eso. Un claustro muy bonito, que recordaba a la peli de Harry Potter, sobre todo cuando pasaron por allí unos niños con unas capitas que no se si serían los del coro o que iban a clase de defensa contra las artes oscuras o qué...
Estuvimos mirando las lápidas que hay por el suelo (está todo lleno de gente enterrada ahí, como en la peli de Poltergeist) y las estatuas de personajes famosos, militares, sacerdotes y eso, que había por las paredes, y José Antonio mirando una de ellas se preguntó quien coño sería ese ganapán, y si sería famoso por ser el inventor del manubrio para zurdos o qué :D
Después de las fotos y de hacer un poco el payaso por ahí, salimos y nos fuimos al otro lado del rio a hacernos fotos con el Big Ben y el parlamento de fondo.

Luego nos acercamos a ver el London Eye, que es una noria enorme (al parecer la más alta del mundo) que en lugar de barquillas tiene unas cabinas de cristal ovaladas y que gira muy despacito, casi imperceptiblemente. Su función es ofrecer una panorámica de Londres desde mas de 130 metros de altura. No nos subimos porque por lo visto hay que reservar con antelación, o pagar casi 30 libras por cabeza (45 euros) si compras las entradas en el sitio, y nos pareció un poco caro. La próxima vez que vayamos reservaremos.


17. Downing Street, Trafalgar Square y la National Gallery

De camino a Trafalgar Square pasamos por Downing Street, que es la calle donde, en el número 10, vive el primer ministro británico. Pero eramos un poco ilusos si pensabamos que se podía acceder tranquilamente a esa calle, ya que está cerrada con una reja y no se si se puede visitar en alguna circunstancia. Total, que pasamos de largo y llegamos a Trafalgar Square.
Trafalgar Square es una plaza bastante grande, en cuyo centro está la Columna de Nelson y al fondo el museo de pintura conocido como National Gallery, donde se puede ver por ejemplo el famoso cuadro de Van Gogh "Los Girasoles". Nos entretuvimos haciendonos fotos en la plaza y José Luis y yo vimos que la gente se subía a los leones que hay a los pies de la columna de Nelson y decidimos hacer lo mismo. Esperamos a que bajaran unos catalanes que había en uno de los leones y después subimos nosotros. José Luis dió un rodeito para subir al león por el costado y yo preferí encararmarme por la parte de atrás, que me pareció más segura, aunque me tuvo que ayudar uno de los catalanes empujandome un poco, porque el puto león resbala cosa mala y no hay de donde agarrarse.
Después de hacer un rato el payaso con los leones, nos metimos en la National Gallery, que fue el único museo que visitamos donde no permitían hacer fotos ni grabar con la cámara de video. Dimos una vueltecita rápida y nos fuimos a comer.

18. Comiendo en el Pub Salisbury

Fuimos a comer a este pub que nos recomendó el cuñado de Diego. Bonita decoración, camarera muy simpática y ¡¡¡este sí tenía toilet!!!. Además, la escalerita que bajaba hacia los servicios tenía toda la pared forrada con carteles publicitarios antiguos, lo que le daba un toque muy interesante. La comida del pub estaba bien... sin ser para tirar cohetes. Los que pidieron roastbeef son los que quedaron más descontentos, porque era un poco sosillo. Otros pidieron unas hamburguesas que parece que estaban bastante bien, y otros nos pedimos Chicken Kiev, que estaba buenisimo, aunque era algo escaso. No se si Diego se equivocó al pedir o la camarera se lió, pero el caso es que nos pusieron un Chicken Kiev de más, pero como si nos hubieran puesto 5 de más... tardó poco en desaparecer.
En este pub probé por primera vez el ketchup Heinz y tengo que admitir que me gustó bastante, teniendo en cuenta que no me gusta el ketchup.


19. Hora de la siesta, el cansancio se empieza a sentir

Yo hubiera seguido viendo cosas, pero los demás estaban cansados y con dolor de pies y querían volver al hotel a descansar un poco, así que acepté y eso hicimos. Por el camino vimos un bar español llamado la Tasca. Me hizo gracia encontrarme un bar así, con carteles anunciando cerveza, vinos, tapas y paella. :D
Mientras Diego y yo mirábamos el plano a ver que combinación de metro nos venía mejor para ir al hotel, o si nos venia mejor un autobús, se nos acercó una viejecita muy simpática y con cara de inglesa 100% para preguntarnos si necesitábamos ayuda. Diego le preguntó por el metro y la viejecita nos dijo que mejor usáramos el autobús, porque en festivo hay varias lineas de metro que cierran y tal. Nos dijo que linea de bus teníamos que coger y todo con mucha simpatía. Que gracia la viejecilla, daban ganas de llevarsela a casa, tenía esa carita arrugada pero con un brillo en los ojos azules y una sonrisa tan tierna...
De todos modos al final pasamos del autobús y volvimos a meternos en el metro. En efecto había un cartel donde venían las lineas que estaban cortadas, pero no eran lineas enteras sino solo algunos tramos de unas pocas lineas. No nos afectaba para llegar a nuestro destino así que volvimos a sacar un One Day Tiquet y nos fuimos para el hotel.

Al entrar en nuestra habitación hacía un calor impresionante. Menos mal que encima del armario había un ventilador lleno de polvo con pinta de llevar años sin usarse. Lo enchufé y pudimos echar un par de horitas de siesta al fresquito que la verdad nos vinieron muy bien. Mientras tanto, en Almería había vuelto el invierno y casi no paraba de llover. El mundo al revés!

20. Tate Modern

Yo temía que, conociendo a mis amiguetes, una vez que hubieran trincado la cama no los sacaran de ahí ni con aceite hirviendo, pero sorprendentemente a las 5 y media, tal y como habíamos quedado, fueron surgiendo de sus guaridas. El objetivo de la tarde era acercarnos a ver el Tate Modern, y de paso echar un ojillo por la catedral de St. Paul que queda cerca, a ver si pudieramos entrar a verla. Lo de la catedral se jodió porque estaba cerrada, pero al menos la vimos por fuera y nos hicimos las fotos de rigor.
El Tate Modern es un edificio moderno, lleno de arte moderno y de gente moderna. En mi opinión, es un edificio feo como pegarle a un padre, parece una nave industrial restaurada. Y el arte que hay dentro lo podríamos calificar entre feo y muy feo, aunque hay obras que en para mi gusto alcanzan la categoría de "tan horrorosas que sientes deseos de arrancarte el cerebro con los dientes".
A parte de tener unas escaleras mecánicas que pasan directamente del primer piso al tercero, sin pasar por el segundo (se ve que eso es "moderno"), también hay unos toboganes tubulares (vamos, unos "tubolanes") que van desde algunas plantas hasta la planta baja y por los que te puedes tirar pagando unas libras. Lo de los toboganes era curioso, pero nos quedamos sin probarlos porque la cola que había para tirarse nos quitó las ganas...
En la planta superior había una especie de bar donde servían cervezas y unas tapas de aspecto muy desagradable que no nos atrevimos a probar. En definitiva, un sitio donde al menos nos echamos unas risas con las "obras de arte" expuestas, y con el lío que nos montamos con las escaleras mecánicas, pero por lo demás, bastante olvidable...

21. Cena tailandesa en el Soho

Como ya se acercaba la hora de cenar, nos encaminamos al Soho en busca de un restaurante tailandés llamado Tuk Tuk que nos recomendó el cuñado de Diego. Cuando llegamos la verdad es que no era lo que esperabamos encontrar, ya que yo al menos esperaba un sitio estilo restaurante chino, profusamente decorado y con un ambiente exótico y lo que encontramos fue un local normal y corriente con pinta de sitio de comidas rápidas. Pero ya que estábamos allí, entramos y nos dijeron que tendríamos que esperar unos 10 minutos hasta que quedaran mesas libres.
Pasaron los 10 minutos, nos sentamos y pedimos. La carta tenía bastantes cosas, bastantes de ellas con arroz o tallarines. El cuñado de Diego nos dijo que las sopas que ponían allí eran grandecitas, así que José Antonio, con su habitual gula se pidió una sopa de nosequé y además unos fideos. De beber pedimos casi todos una thai beer (una cerveza tailandesa) aunque el camarero entendió Tiger y eso es lo que nos trajo. Pero igualmente la Tiger era una cerveza tailandesa, así que todo perfecto.
La comida estaba buena, sin ser para tirar cohetes. Algunos se quejaron de que era un poco insípida, aunque mis tallarines estaban bien.
José Antonio era un espectáculo con la sopa que le trajeron, que eso no era un tazón... eso era una marmita!!! tenía el tamaño de un orinal, y encima era sopa picante. Había que verlo comiendose la sopa hecho polvo, colorado como un tomate y sudando... Al final, y por primera vez en la historia, la comida le ganó la partida y tuvo que rendirse y dejar un poco de sopa, y casi todos los fideos que se había pedido. En este punto existe un antes y un después de la visita de José Antonio al Tuk Tuk... desde entonces, no volvería a ser el mismo. Los trovadores escribirán canciones y leyendas sobre el acontecimiento, y quedará reflejado en los libros de historia. :D

Al salir del Tuk Tuk se nos enganchó un negro despollandose de risa que debía ir bien cargadito el hombre. Para mi que quería meternos mano en la cartera, con el rollo de las risas y el cachondeito, así que nos deshicimos de él como pudimos y enfilamos hacia Chinatown.

22. Chinatown

Este barrio tiene un bonito arco chino con luces en una de las calles que dan acceso, y aparte de eso hay muchos chinos por ahi pululando, y montones de comercios y restaurantes chinos. Yo tenía el mono de comer chocolate así que me metí en una tiendecita que vi y encontré que tenía montones de cosas de chocolate, entre ellas una gran variedad de tipos de palitos de estos como los mikado, pero con distintos sabores, distintos tipos de chocolate, tamaños, etc... Vamos, morao me puse de palitos de esos. Compre unos gordos que llevaban 2 tipos de chocolate, uno sobre otro, que estaban buenísimos, y otros de chocolate blanco con miel, que también estaban que se salían...
También por allí nos dió un poco la murga un pedigueño pidiendo dinero, pero nos libramos rápido de él y se fue a darle la vara a otro.

23. Picadilly Circus

Cuando nos cansamos de dar vueltas por chinatown (que tampoco es que haya mucho que ver allí), nos fuimos para Picadilly Circus. Esta es la plaza que se ve siempre en las fotos o en las peliculas, que tiene un edificio cubierto con enormes carteles electrónicos con publicidad de varias marcas. Además, por allí está el que creo que es el Virgin Megastore más grande del mundo, y sobre todo mucha, muchísima gente por todos lados.
Como había un Planet Hollywood por allí cerca entramos en la tienda de merchandising que tiene en la planta baja y luego subimos al restaurante a curiosear un poco y hacernos fotos con la estatua de Terminator, o la armadura de Excalibur.
También curioseamos un poco por una tienda de souvenirs que había allí al lado, y después intentamos entrar en la Virgin Megastore, pero estaba cerrada ya, así que cogimos el metro y volvimos a Victoria Station. De allí nos fuimos a tomar la penúltima pinta a un pub cerquita del hotel y después a sobar, que ya esta bien...

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