09 abril, 2007

Viaje a Londres (I)

Este puente de Semana Santa hemos estado en Londres, una ciudad que llevaba tiempo queriendo visitar y que gracias a las aerolíneas económicas que operan en Almeria queda un poquito más cerca.
Empezamos a planear el viaje hace meses mi novia y yo y unos amigos a los que, para preservar su anonimato, llamaré Diego, Elena, José Luis, Ana y José Antonio. Parecía imposible que pudiéramos ponernos todos de acuerdo para hacer un viaje juntos, pero al final gracias al tesón de José Antonio que se encargó de buscar los billetes de avión y de motivarnos un poco a todos, la cosa se puso en marcha. Trataré de relatar el viaje con todos los detalles que sea capaz de recordar, ahora que aun lo tengo fresco.

1. Los preparativos

Reservamos los billetes de avión por internet en la compañía Ryanair, y nos salió a unos 150 euros por cabeza, ida y vuelta, incluyendo las tasas. Un poco más caros de lo normal por ser Semana Santa. Diego se encargó del hotel, y primero reservamos en uno que no tenía baño en las habitaciones, sino que tenía uno común. Pero al fin de semana siguiente su cuñado se alojó en ese mismo hotel y nos dijo que mejor miráramos otro, porque lo de no tener baño es un autentico coñazo, y más si vas a estar 4 días... Como queríamos pasarlo bien y no andar escatimando reservó en otro hotel, el Alexander Hotel, que además de tener baño quedaba casi al lado de la Victoria Station, lo que nos venía muy bien porque el autobús del aeropuerto nos dejaba allí. Era algo más caro, 100 euros por noche la habitación doble, y 75 la sencilla, si no recuerdo mal, y había que pagar la primera noche por adelantado, pero decidimos quedarnos con ese hotel.
Como entre que llegábamos al aeropuerto de Stansted pasadas las 11 de la noche y que desde allí había que coger un autobús hasta Londres llegaríamos al hotel bastante tarde, Diego les escribió un email comentándoselo por si había algún problema, pero dijeron que no, que como no habría nadie en recepción dejarían las llaves de las habitaciones y del hotel en la puerta, debajo de un cubo!! Estos británicos son la pera!!!
Diego se encargó también de pedirle a su cuñado que nos hiciera una pequeña guia de sitios que nos recomendaba ver, y este le hizo un planning detallado de los sitios que debíamos ver cada dia, sitios para comer y todo eso, y además le prestó un libro guía de Londres muy apañado.

2. El viaje

Nos fuimos al aeropuerto con Ana y Jose Luis en el taxi de un amiguete, y allí al poco tiempo llegó José Antonio. Nos pusimos en la cola para facturar y Diego y Elena llegaron justito cuando nos tocaba (Diego y la puntualidad son dos palabras que no suelen figurar juntas en la misma frase). Queríamos facturar el equipaje juntos para que nos dieran los asientos juntos en el avión, pero allí nos enteramos de que en los vuelos de Ryanair los asientos no van numerados, así que.... marica el último!
El peso máximo permitido por maleta era de 15 kilos, y además no permitian juntar el equipaje de 2 personas en un solo bulto de 30, aunque facturaran juntos, así que había que llevar una maleta por persona de 15 kilos máximo, o pagar 8 euros por kilo extra... Los únicos que llevaban una sola maleta para los dos eran José Luis y Ana, pero les pesó exactamente 15 kilos, ni un gramo mas... ni que lo tuvieran preparado...

Después de dar algunas vueltas por ahí nos fuimos a la puerta de embarque, pasamos el equipaje de mano por el escáner de rayos x y pasamos nosotros por el arco detector de metales. A Diego le pitó el botón del pantalón y a mi, que llevaba un puñado de monedas en el bolsillo, no me pitó... Curioso...

Al avión subieron primero los que habían pagado embarque preferente, porque resulta que si pagabas 3 euros te dejaban embarcar primero y coger sitio, y los demás pues todos a mogollón... Pero conseguimos pillar buenos sitios y todos juntos, así que pudimos disfrutar de las 3 horas de vuelo defenestrandonos en maratonianas partidas de Mario Kart y Bomberman en la Nintendo DS...

Cuando estábamos llegando a Stansted dijeron por megafonía que se podían comprar los billetes de tren y de autobús para el centro de Londres en el mismo avión, un poquito más baratos que en el aeropuerto. Este mensaje lo repitieron también en español, y fue lo único que dijeron en español en todo el vuelo. Nosotros compramos todos billetes de ida y vuelta en autobús, a 15 libras o 21 euros, se podía pagar de las dos maneras. No compramos tren porque según creo el último salía a las 12 y nos iba a ir un poco justo, mientras que autobuses había toda la noche...

Después de un aterrizaje algo brusco, entramos en la terminal y llegamos al control de pasaportes, donde habría como uno o dos millones de personas haciendo varias colas para pasar por los controles. Se ve que llegaban varios vuelos al mismo tiempo y pasar el control nos llevó un buen rato... Y un detalle a tener en cuenta: a los turistas de la Unión Europea solo les piden el DNI para entrar. Habíamos leído por ahí que hacía falta el pasaporte y teníamos una pequeña preocupación con eso, porque Diego, Elena y José Antonio no se lo habían hecho e iban solo con el DNI, pero no hubo ningún problema.
Después cogimos las maletas y fuimos a preguntar en un mostrador que llevaba el nombre de la compañía de autobuses de los tiquets que habíamos comprado (Terravision). Allí nos cogieron las tarjetas de plástico que nos habían dado en el avión y las cambiaron por tiquets de papel con la ida y la vuelta. La hora de la vuelta había que fijarla, y elegimos volver a las 13:15 para ir con tiempo (el avión de vuelta salía a las 17:05). El primer problema vino cuando el tipo contó las tarjetas, y había 6 y nosotros eramos 7. Faltaba la de Elena. Ella decía que se la había dado a Diego, y Diego que él no la tenía. Ahí estuvieron discutiendo y buscando la tarjeta hasta que el tipo las volvió a contar y eran siete... no se si es que las de Diego y Elena iban pegadas o es que el tipo se enrrolló y puso otra tarjeta... el caso es que pudimos salir de allí e ir a la parada del autobús.
Mientras hacíamos cola para subir al autobús se presenta el segundo problema... la guía y el planning del cuñado de Diego no están. Debieron quedarse en el mostrador de Terravision mientras buscaban la tarjeta del autobús. Total, Elena fue a ver si estaba allí aun pero nada, la guia había desaparecido y el del mostrador no sabía nada... menos mal que Diego se acordaba bastante bien del planning, pero tendría que comprarle otra guia a su cuñado...

Por fin subimos al autobús y salimos hacia el centro de Londres. Habiendo llegado ya a Londres el conductor en un momento dado se ve que se hace la picha un lío y se mete por un camino equivocado cruzando el Tower Bridge. Da marcha atrás ayudado por mi amigo José Luis que le va indicando y después de corregir la ruta nos cuenta que es la primera vez que hace esa ruta y que solo lleva un par de semanas en Londres trabajando en el autobús, que es italiano y que tal y cual.
Después de una media hora de ruta y charla con el italiano llegamos a Victoria Station. Allí nos encontramos con el tercer problema... a nadie se le ocurrió apuntar el nombre de la calle donde estaba el hotel, ni imprimir un planito ni nada de nada. Solo sabíamos el nombre y que quedaba cerca de la estación. Al final preguntando nos dijeron donde quedaba y allí nos fuimos. Estaba muy cerca de la estación, a unos 500 metros o así, en una calle en la que habría como unos 15 hoteles más, todos del mismo estilo, unos al lado de otros en ambas aceras a lo largo de unos 40 o 50 metros.

3. El hotel

Junto a la puerta del hotel había una escalerita que bajaba hasta un pequeño patio donde dejaban los cubos de basura. Pues ahí, debajo de un cubito de plástico, efectivamente estaban las llaves y un papel con los nombres de los huéspedes y el número de habitación. Justo cuando estábamos en eso llegó otro grupo de españoles en busca de sus llaves bajo el cubo... Es sorprendente lo de dejar ahí las llaves... eso lo haces en España y a la segunda vez las llaves desaparecen en 5 minutos y se te llena el hotel de okupas . Spain is different, realmente.

Cada juego de llaves llevaba 2, la de la habitación y la de la puerta principal del hotel, así podías entrar y salir a cualquier hora sin que hubiera nadie en recepción.

Nos repartimos las habitaciones y bueno, la primera impresión es de que el hotel es muy viejo y las habitaciones pequeñas. En nuestra habitación había una cama muy alta con dosel de madera, pero sin la tela, solo con el armazón del dosel. Un armario bastante viejo en el que no se podían abrir los cajones de debajo porque se hundía la madera, un aparador con varios cajones, una tele de 14 pulgadas con un decodificador de satélite y un suelo con una moqueta que había conocido tiempos mejores. Como parte positiva teníamos una terracita justo encima de la entrada del hotel, y nuestro baño era el único que tenia bañera (el de los otros solo plato de ducha, aunque sería mejor llamarlo "agujero de ducha"). El mando de la tele tenia las pilas gastadas, y el del deco directamente no existía, pero nos dió igual porque tampoco ibamos a ver la tele.
En el baño había un enchufe especial que se podia poner en 2 tensiones diferentes, 125 y 220 v, y que no necesitaba adaptador para los enchufes europeos, aunque tenia un cartelito que advertía que era solo para usar la maquinilla de afeitar. Supongo que no estaría preparado para cosas de más potencia, como secadores de pelo y tal...
El principio en la habitación casi no se veia nada, porque solo encontramos el interruptor de la luz del baño, y los de las lamparitas que habia sobre la cama, una de las cuales estaba fundida y la otra alumbraba como una vela. Al final encontramos el de la luz del techo, que estaba escondido en el mínimo espacio que quedaba entre la puerta del baño y la puerta de entrada. Con la luz del techo encendida las cosas ya tenían otro aspecto.
De la habitación solo queda comentar que el techo era bastante alto, que la puerta que daba a la terraza no tenía persiana, pero si una gruesa cortina, y que la puerta del baño necesitaba 3 en 1 urgentemente porque hacía un ruido infernal cada vez que la abrías. Ah, y que el colchón era tan blando que casi parecía que dormías sobre un colchón de agua. Aun así no se estaba mal y cuando te acostumbrabas estabas agusto.
En cuanto a limpieza, aunque todo se veía muy viejo también es verdad que estaba muy limpio, y no podemos poner ninguna pega en ese aspecto.
Y en cuanto a ruido, pues cuando está todo el mundo durmiendo es silencioso, pero como la gente empiece a andar por la habitación, abrir y cerrar puertas o subir y bajar escaleras el ruido es tremendo, todo cruje por todas partes (se ve que debajo de la moqueta el suelo es de madera) y las paredes no parecen muy gruesas tampoco.
Y un último detalle, al menos en nuestra habitación había un dispensador de jabón de manos, y varias pastillas de jabón, pero no champú... había que apañarse con el jabón de manos para lavarse el pelo.

Echamos un vistazo a la habitación de Diego y Elena que quedaba enfrente de la nuestra, en el primer piso, y era un poquito más grande que la nuestra, la tele era más grande y de pantalla plana y los muebles parecían comprados en un mercadillo, porque cada uno era de un estilo diferente...

Y una vez instalados, nos fuimos a dormir. Curiosamente no hacia nada de frío, y hasta bien entrada la madrugada no tuvimos que taparnos con la manta... era un preámbulo del clima que nos íbamos a encontrar estos días.


1 comentarios:

Rocio dijo...

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